viernes, 26 de octubre de 2018

Madrugada

Ahora no hay  nada más  que este  momento  en el  que  venís y te acostás  a mi lado. Te abrazo  por  la  espalda deseando  que  no te vayas  nunca. Y aunque el amanecer  se encargue  de llevarte lejos  yo  sé  volveremos, porque el reencuentro será inevitable.   

Hasta entonces atesoraré esta madrugada de  año nuevo  y  me convenceré de que los  fuegos  que se encienden como el nuestro, están destinados  a  brillar  para siempre, aunque nos  volvamos  fogatas  iluminando cavernas  diferentes.

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