Ahora no hay nada más que este momento en el que venís y te acostás a mi lado. Te abrazo por la espalda deseando que no te vayas nunca. Y aunque el amanecer se encargue de llevarte lejos yo sé volveremos, porque el reencuentro será inevitable.
Hasta entonces atesoraré esta madrugada de año nuevo y me convenceré de que los fuegos que se encienden como el nuestro, están destinados a brillar para siempre, aunque nos volvamos fogatas iluminando cavernas diferentes.
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