Las redes sociales se inundan con la foto de un pibito desangrandose en el pasillo de la villa. Algunos agitan pañuelos azul clarito, festejando otra muerte.
Y mientras escucho ronronear al fascismo, te miro y pienso que, en estos días de felinos y gorra fácil, quizás lo más revolucionario sea besarnos en medio de la balacera.
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