Llegan con sus bufandas de colores, sus boinas grises, sus atrasos, sus miedos. Se besan en la vereda mientras un tipo intenta violar la puerta de la sala con sus anteojos. La escena se refleja en un gran espejo y pienso que sería la imagen perfecta para una comedia francesa.
Mientras espero que abran la boletería termino mi café y decido escribirte. Te escribo para contarte que he comenzado a intentar sonreír, que estoy aprendiendo a resucitarme en los rincones oscuros de los bares y que sigo yendo solo a nuestro cine.
-Dos entradas por favor.
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