Dejar caer el cuchillo sobre el pulgar
Arrancarle la cabeza,
con plena conciencia del acto, a la Barbie sirena
Volver a escribir lo
que duele
Volver a escribir
Volver
Y desear el naufragio como una salvación.
Dejar caer el cuchillo sobre el pulgar
Arrancarle la cabeza,
con plena conciencia del acto, a la Barbie sirena
Volver a escribir lo
que duele
Volver a escribir
Volver
Y desear el naufragio como una salvación.
Tiene que explotar
el corazón
la cabeza
la garrafa
algo debe prenderse fuego
para que esta mierda deje de doler
y mis ojos se abran
una mañana cualquiera
con vos trayendo el desayuno a la cama.
Su vida fue una sucesión de constantes decisiones erróneas. Lo supo el día en que dejó de importarle que las cucarachas parieran sobre su almuerzo y se encontró solo, abrazando un celular que repetía, infinitamente, imágenes de viejos amores y viajes perdidos en la memoria.
Sucederá. Inevitablemente llegará el final y es probable que, para ese entonces, vos ya no estés aquí. Los fogonazos de felicidad se habrán extinguido y no serán más que una manchita azul en el recuerdo.
Pero ahora estamos acá, envueltos en llanto, cebándonos mates fríos mientras intento explicarte que no puedo responder a tus lágrimas. Porque es domingo. Porque es invierno. Porque llueve.
Llegan con sus bufandas de colores, sus boinas grises, sus atrasos, sus miedos. Se besan en la vereda mientras un tipo intenta violar la puerta de la sala con sus anteojos. La escena se refleja en un gran espejo y pienso que sería la imagen perfecta para una comedia francesa.
Mientras espero que abran la boletería termino mi café y decido escribirte. Te escribo para contarte que he comenzado a intentar sonreír, que estoy aprendiendo a resucitarme en los rincones oscuros de los bares y que sigo yendo solo a nuestro cine.
-Dos entradas por favor.
Ahora no hay nada más que este momento en el que venís y te acostás a mi lado. Te abrazo por la espalda deseando que no te vayas nunca. Y aunque el amanecer se encargue de llevarte lejos yo sé volveremos, porque el reencuentro será inevitable.
Hasta entonces atesoraré esta madrugada de año nuevo y me convenceré de que los fuegos que se encienden como el nuestro, están destinados a brillar para siempre, aunque nos volvamos fogatas iluminando cavernas diferentes.