Sucederá. Inevitablemente llegará el final y es probable que, para ese entonces, vos ya no estés aquí. Los fogonazos de felicidad se habrán extinguido y no serán más que una manchita azul en el recuerdo.
Pero ahora estamos acá, envueltos en llanto, cebándonos mates fríos mientras intento explicarte que no puedo responder a tus lágrimas. Porque es domingo. Porque es invierno. Porque llueve.